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Es inaceptable que los niños crezcan escuchando, sin nadie a su lado, a quienes cantan a la mujer como un instrumento de placer sin alma, sentimientos, capacidad: todo esto afecta a la educación mucho más de lo que hacen los padres, profesores y educadores.

 

Incluso los adultos jóvenes se sienten atraídos por los treinta segundos de gloria que ofrecen las redes sociales, en especial Tik Tok e Instagram. Y sucede que se prestan a promover comportamientos que, normalizados, se convierten rápidamente en modelo cultural para los más pequeños.

El caso ha tenido como coprotagonista a Blueface, un rapero estadounidense nacido en 1997, con varios millones de seguidores en las redes sociales y cientos de millones de visualizaciones digitales y reproducciones de sus canciones: para promover su canción «Baby» (en los diferentes significados de ‘niño/a, bebé, chico/a’), hace unas semanas publicó un vídeo social donde lanza fuera de cámara a su hijo de tres años Javaughn J. Porter y luego sigue bailando (AQUÍ).

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Por invitación de su ídolo, los aficionados y aficionadas empezaron a desafiarse el uno al otro lanzando a un niño fuera de cámara – probablemente hijo o hermano pequeño – para luego exhibirse en un baile frontal (AQUÍ) o un twerking, baile erótico nacido en los clubes de striptease (AQUÍ).

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El Daily Mail recogió la noticia (AQUÍ) destacando dos aspectos problemáticos: en primer lugar, la peligrosidad de la acción, ya que no siempre es posible establecer si el niño que se lanza fuera de campo aterriza de forma segura; en segundo lugar, el poco respeto por los pequeños.

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Sin embargo, debemos profundizar más. ¿Qué dice la canción? ¿Por qué fue eleigido el gesto de tirar a un niño? En concreto, ¿qué dicen las palabras que acompañan esta acción? Vamos a averiguarlo.

En la canción «Baby», la mujer sufre maltrato verbal y es representada como un objeto sexual o trofeo del hombre para poseerla y posiblemente exhibirla. Al principio ya tenemos un ejemplo de «body-shaming», es decir «la humillación de una persona por su aspecto físico» (cf. Donna Glamour), cuando el artista dice que no le gusta la cara de la chica con la que tiene una relación sexual, sino sólo su trasero («debe ser tu c**o porque no es tu cara»; original: «must be your a** ‘cause ain’t be your face»]; además, mientras llama repetidamente a la mujer «p**a» («b**h»), afirma que una chica, para conocerlo, debe ofrecerse sexualmente en la primera cita («No quiero tener una cita si no puedo f***ar»; original: «I don't wanna date if I can't f**k on the first date»); y si no lo consigue el lunes, lo conseguirá el martes, para tener una nueva «p**a» («b ** h») el miércoles, y así sucesivamente; y si no queda satisfecho, la culpa es de la mujer que no es lo suficientemente buena («Si no he tenido un org***o, entonces la chica no ha sido lo suficientemente buena»; original: «If I ain't get a n**, then baby wasn't good enough»).

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Omitimos otros pasos pornográficos y nos centramos en la frase clave del video social del que hablamos, que viene justo después de la «escena» que muestra una relación sexual con la chica de turno: «no podemos tener el bebé; si no tomas este plan B, p**a, entonces es el plan C» («No baby, we can't have the baby. If you don't take this plan B, b***h, it's plan C»). Vamos a descodificar: el «plan B» es la llamada píldora del día después, comercializada con este nombre también en Amazon (AQUÍ). El «plan C» debe interpretarse como un aborto farmacológico, tanto en la jerga (cf. AQUÍ) como en el lenguaje común (AQUÍ, AQUÍ y AQUÍ). La correspondencia entre mensaje verbal (texto de la canción) e icónico (vídeo social) aparece en toda su evidencia, porque nada es casual en el mundo de la comunicación, en especial artística.

Este evento social ha afectado a millones de espectadores y ha contribuido a difundir una representación reductiva e indigna de una mujer, antes, durante y después de la relación sexual, que es representada como premisa necesaria y no como punto de llegada de un recorrido relacional; una mujer que se muestra ante los ojos de niños y adolescentes como objeto de placer sin alma, sentimientos, capacidades intelectuales, horriblemente convertida en hembra de una manada; una mujer, en este caso concreto, que ni siquiera es valorada por su belleza física, sino solo por la parte del cuerpo que en ese momento interesa al hombre.

El drama es que todo esto se presenta como algo normal, bonito, simpático. La tragedia es que el mundo educativo, mientras da cursos de respeto, aceptación e inclusión, se detiene frente al éxito de los ídolos mediáticos, contribuyendo así a la difusión de modelos contrarios a los que normalmente promueve. Llegados a este punto, creo que colegios y escuelas necesitan implementar unos planos educativos que incluyan el análisis y la crítica de los modelos mediáticos. Sin demorar ni un día más.

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Las imágenes de arriba han sido pixeladas por el autor. En las redes sociales y en los enlaces indicados, los rostros, incluso de menores, aparecen sin filtros. 

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