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Es especialmente problemática la presencia de miles de vídeos de menores que se exhiben con movimientos, mensajes, poses, conductas sexualmente no neutrales, canciones con textos eróticos, o con palabras y textos escritos que conciernen a la sexualidad.

 

Tik Tok es una aplicación china muy popular, conocida, consultada y utilizada por casi todos los preadolescentes y adolescentes, así como por muchos niños.

La aplicación, que cuenta con alrededor de 2 mil millones de descargas, permite hacer vídeos muy cortos: canciones en playback, bailes, coreografías, parodias, juegos, desafíos, mensajes, escenas originales. Como es la regla en todas las redes sociales, cuanto más «me gusta» obtienes, más popular te vuelves.

Dicho así, parecería una comunidad virtual de chicas de internado de los años Cincuenta del siglo pasado; pero incluso los más narcolépticos llegaron a despertar del sueño socioeducativo cuando, el 18 de junio, la Secretaria de Estado de Francia para la Igualdad de Oportunidades, Marlène Schiappa, hizo la siguiente declaración: «TikTok es la red social de nuestros niños y adolescentes y debe ser un espacio seguro. Estoy impactada por los testimonios de abuso, chantaje y violencia sexual. Solicito inmediatamente una reunión con los responsables de TikTok: debemos tomar medidas drásticas».

Ya en 2019, antes de ser autorizada para operar, la aplicación TikTok fue prohibida durante unas semanas por el tribunal superior de Madras, India, bajo la acusación de «promover contenidos pornográficos y exponer los niños a los depredadores». También en 2019, la Comisión Federal de Comercio de EE. UU. (Federal Trade Commission) impuso una multa de 5,7 millones de dólares a Tik Tok por violar la política de privacidad de los usuarios menores de 13 años. Se han detectado problemas de privacidad similares tanto en la Unión Europea como en el Reino Unido: esto solo para dar una idea de la situación, que no parece tan fluida, incluso desde el punto de vista normativo y de seguridad relativa a los datos de una generación.

Entre los diferentes aspectos educativos que aparecen delicados, hay uno especialmente problemático: la presencia de miles de vídeos de menores, adolescentes y chicas muy jóvenes que se exhiben con movimientos, mensajes, poses, comportamientos sexualmente no neutrales, canciones eróticas o bien palabras o textos escritos relacionados con la genitalidad y la sexualidad. Simplificando al máximo, estos videos se pueden dividir en cinco tipologías, cada una de las cuales representa un tipo de desafío o confrontación entre las protagonistas.

Tipología n.° 1: una chica vestida con ropa escasa se exhibe balanceándose como una bailarina experta o haciendo twerking, un baile desarrollado en clubes de striptease. Las actuaciones tienen lugar utilizando canciones como Twerk de MamboLosco-Boro Boro y Pesca (‘melocotón’) de GionnyScandal. La primera dice lo siguiente: «Ya movia el c ** o fuerte, luego puso la sexta; todo el mundo le mira el c ** o, pero a ella no le importa; [...]; mueve el c ** o bi ** h [‘pu*a’]; Twerk, twerk, twerk». La segunda resuena con estas palabras: «Cuando mueves ese melocotón [el trasero, ed.] me mareas [...]; tu trasero parece una luna llena [...]; tan grande como Ariana, eres italiana o brasileña».

Tipología n.° 2: una adolescente le aparta la ropa interior a un chico y le observa el miembro; luego, o lo ridiculiza a través de una especie de risita grabada, o lo aprecia con una exclamación o empezando a cantar «pero qué agradable es aquí, pero qué grande es aquí». Esta tipología tiene dos variantes: en la primera, ella se burla del miembro de él y él se burla del tamaño del pecho de ella; en la segunda, hay dos chicas, cada una de las cuales comenta la medida de los pechos o el trasero de la otra.

Tipología n.° 3: una chica muestra su decepción en vídeo mientras un texto en sobreimpresión dice: «cuando te besa pero no te toca el c**o [o emoticono del melocotón]».

Tipología n.° 4: «mis te*as con sudaderas, camisetas de tirantes y push up»: una chica dibuja con la nariz el perfil de su cuerpo en la pantalla cuando lleva una de estas tres prendas; una variante dentro de esta tipología es el desafío «Voy a ver a mi novio desnuda»: una chica cubierta con una toalla se acerca a un chico y se presenta delante de él aparentemente desnuda para ver su reacción.

Tipología n.° 5: la protagonista es una adolescente que, a través de frases en sobreimpresión y una pieza de música, cuenta: en la escuela primaria, o cuando era niña, me decían «que asco», mientras que ahora se dice que soy «un bombón». Esta última tipología es especialmente problemática: porque ¿quién realmente valora o no valora a unas niñas por su apariencia física? Es terrible.

Finalmente, solo podemos señalar la infinita variedad de otros vídeos: desde la chica que se graba mientras mira una película porno, hasta la que promete enviar sus fotos desnuda en la ducha al chico que se las pide en el chat, o la que muestra su cara decepcionada mientras en sobreimpresión sale la frase «cuando mis amigos me dicen que mi amiga es una bomba en la cama», o la chica fotografiada u observada a escondidas desde atrás mientras hace flexiones.

Llegados hasta aquí, podemos hacer tres consideraciones:

1) podemos decir que cuanto más joven es una chica, cuanto más se destapa, cuanto más es sensual, desinhibida, cuanto más habla o trata de alguna manera sobre el sexo, más «me gusta» consigue;

2) un escaparate de este tipo, como ha señalado Marlène Schiappa, puede atraer acosadores, y éstos, una vez que han salido a la luz, pueden y deben sufrir las sanciones adecuadas;

3) sin alcanzar el acoso activo, un sistema de este tipo expone indebidamente a las adolescentes – algunas muy jóvenes – a los ojos de quienes las conocen y al voyerismo de quienes se esconden detrás de una pantalla al otro lado del mundo; es más, la combinación del incremento de cuentas registradas por adultos mayores de 35 años y el hecho que la mayoría de los usuarios de la aplicación son hombres es un aspecto que debería investigarse a fondo.

Además de aplicar las sanciones actuales por acoso u otros delitos, se necesitan medidas urgentes, especialmente en el campo de la oferta, haciendo que el contexto cultural se vuelva hostil hacia este tipo de exhibiciones; hoy, en cambio, se da todo lo contrario: quien no participa de una forma u otra en este circo mediático sufre el estigma social; y esto, como la literatura psicopedagógica nos enseña, puede tener serias consecuencias en la formación de la identidad tanto de quien se expone como de quien disfruta de ello. En resumen: se escribe «libertad», se lee «nueva obligación social».

Después de meses de #MeToo, millones de palabras, miles de debates, cientos de transmisiones sobre el respeto hacia las mujeres, uno se pregunta cómo es posible que la sociedad acepte esta forma de mercantilización precoz del cuerpo de la mujer, en lugar de ocuparse de su protección y cuidado utilizando todas los recursos sociales disponibles. El mundo adulto, en cambio, con docenas de estrellas, personas influyentes e ídolos exhibiendo a menudo su intimidad, se vuelve hacia otro lado, aceptando lo que de hecho es una antigua forma de esclavitud disfrazada.

En este contexto, la educación, es decir, el sistema educativo que incluye a la familia, la escuela, las asociaciones, la comunidad civil, política y religiosa, se encuentra enterrada, tal vez viva, después de haber abandonado casi del todo su fuerza preventiva y de control a favor de acciones tardías de recuperación o represión. Esto también es cierto para las comunidades cristianas, entre cuyos componentes pervive una cierta ilusión de mantenerse a salvo de experiencias como las que hemos descrito. Pero no es así.

Tal vez, preocupados por el acceso de menores a páginas de pornografía, no nos damos cuenta de que las normas para la aprobación de la mujer tienden a ser muy parecidas hasta en contextos mediáticos en los que los menores, oficialmente a partir de los 13 años, son usuarios asiduos.

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